Un altavoz para las mujeres y niñas de la RDC, s’il vous plaît

Hace un par de semanas asistí a uno de estos talleres que hacemos en Amnistía para activistas.  Son muchos sábados (y a veces, domingos) invertidos en formación y participación, pero ¿que quiere que os diga? merece la pena.

Una de las buenas razones para ir a esto saraos, es que generalmente terminan con exposiciones muy interesantes de personas invitadas: defensoras/es, gente de otras organizaciones o gente de la misma casa.  En este taller del que os escribo, le tocó el turno a Giulia Tamayo, responsable de Investigación y experta en jurisdicción Amnistía Internacional.

Giulia estuvo 6 meses de excedencia.  Estuvo en la República Democrática del Congo (RDC) haciendo una evaluación de proyectos financiados por la cooperación canadiense y la cooperación  belga, proyectos que tenían como objetivo paliar los efectos de la violencia sexual que sufren las mujeres y niñas de aquel país.

Pues bien, las cosas que nos contó me dejaron boquiabierta.  Os hago un breve resumen.

Para ponernos en contexto, recordemos que la RDC es un pequeño país rodeado de otros muchos con muchos intereses en la zona.  Es un país con grandes riquezas naturales, bastante codiciadas por sus vecinos.  Para muestra un botón: Ruanda es el máximo país exportador de coltán (un mineral que sirve para que nuestros ordenadores y móviles anden) pero …¡no cuenta con ninguna mina, porque lo sacan de la RDC!!

Además, después de muchos años de dictaduras, entre 2006 y 2007 se llevaron a cabo elecciones presidenciales y regionales.  En teoría la ‘mala época’ había acabado, pero no así para las mujeres y niñas.  Giulia nos contó que frase que más escuchó entre las mujeres que entrevistó fue “Que venga Kabila y venga a ver si la paz existe para las mujeres” porque sí, Giuilia tuvo la preciosa oportunidad de adentrarse en las profundidades del país, allí donde las organizaciones no se meten porque es muy muy caro, peligroso y difícil, donde casualmente, ocurren la mayoría de las atrocidades, aún en tiempos de ‘paz’.

Nos contó la horrible pelea que existe entre las organizaciones en el terreno por los fondos ¡Incluso las Naciones Unidas, es que no se salva ni una!

En su evaluación detectó como los proyectos no habían determinado cosas básicas, ahí van más ejemplo de lo absurdo:

  • La religión mayoritaría de la RDC es la católica.  Así las cosas, el aborto es ilegal y socialmente está peor que mal visto, por eso, cuando una niña o mujer se queda embarazada fuera del matrimonio aunque sea víctima de violaciones, éstas son repudiadas por su gente, son apartadas de todo lo social y por ello, muchas terminan desplazándose a otros poblados o a las ciudades a buscarse una vida mejor.  Giulia nos contó como conoció a mujeres que habiendo hecho esos caminos completamente solas y a merced de tantas incertidumbres, se habían vuelto literalmente locas.  Pues bien, los proyectos a evaluar, no habían pensado qué hacer con los niños y niñas producto de esas violaciones, que corrían la misma suerte que sus madres (la exclusión, la pobreza, el hambre y la desesperación absoluta).  Por supuesto, desde el proyecto se convencía a las mujeres a seguir con sus embarazos. No se planteó nunca ya no solo la asistencia a los y las peques, sino que tampoco pensó en hacer incidencia política para que esa (a mi modo de ver) absurda cuestión legal sobre al aborto desapareciera y estas mujeres tuvieran el derecho a decidir sobre su situación reproductiva.
  • El acceso a la tierra, o lo que es lo mismo, el acceso a la independencia, depende del reparto que hacen de la misma los jefes de los pueblos y estos solo la dan a hombres.  Así, una mujer nunca recibiría un trozo de libertad.  Pues bien, el proyecto tampoco contemplaba esto y por supuesto, tampoco se hacía presión para que la cosa cambiara.

A pesar de ello, Giulia nos dijo que, lamentablemente,  si estos proyectos no existieran aún a pesar de sus multiples fallos, la situación sería peor.  No me lo quiero ni imaginar, vamos.

Al margen de lo que pasa en la RDC, hablamos de otros conflictos armados de larga duración, como el que se vive en Colombia. Comparando las dos realidades, Giulia nos contó que habían dos cosas que pasaban en ambos sitios por igual: la primera, es la confirmación de la proliferación de sectas, la gente necesita en algo que creer y así, entre tanta confusión es normal que salgan como hongos.  La otra cosa que se repite es el castigo a la sexualidad y no a los crímenes de violencia sexual. Giulia nos contó, como negra anécdota, que esa era la única cosa en que están de acuerdo los ‘para’ y la guerrilla colombiana.

Parece algo lejano, ¿verdad? Son mujeres y niñas con otros rasgos, otras formas, otros colores. Y resulta que no, que sienten, lloran, ríen, paren, tienen dolores de ovarios, aman y bailan como cualquiera de nosotras. La única diferencia es el sitio donde nos ha tocado nacer.  Yo aquí estoy frente al ordenador (que usa coltán, por cierto), calentita con mi perro a los pies, y esas chicas viven en el infierno, casi sin voz porque esto es otro conflicto olvidado.

Bien nos decía Giulia hace un par de semanas en aquel taller de Amnistía “En las guerras la primera víctima es la verdad” Por eso, mujer, no dejes de luchar, no dejemos de luchar.

One Response to “Un altavoz para las mujeres y niñas de la RDC, s’il vous plaît”

  1. A de Activista » Blog Archive » Los derechos de las mujeres: aquí, allá y acullá. Says:

    […] algunos otros, abortar es un delito. Ya hice un resumen de cómo lo viven miles de mujeres y niñas en la República Democrática del Congo y aquí os dejo un vídeo que explica qué ha pasado en Nicaragua con ese […]

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