Made in Venezuela

Buee… lo prometido es deuda.  Allá las impresiones de una venezolana en el exilio, 4 años y medio después de su última visita.

  • Me sorprendió el grado de politización que tiene todo ¡si hasta los programas del corazón se posicionan!  Está claro, que no hay medias tintas, la realidad no deja que existan: o eres de Chávez, lo que se dice chavista o eres de la oposición.  Yo, como me mojo, soy de la oposición.
  • La inseguridad.  Vale, desde que tengo uso de razón, Caracas, la ciudad donde nací y pasé gran parte de mi vida, ha sido un sitio inseguro.  Pero os puedo asegurar, con la perspectiva que me ha dado el tiempo, que lo que se vive ahora es insoportable.  No se en que nivel estará del ranking que mida las ciudades más inseguras de América Latina, pero seguro que está entre los 3 primeras.  Antes, las principales víctimas era la gente con dinero.  Hoy día, la poca clase media que aún aguanta en el país, está siendo atacada a mansalva.  Baste con decir que, aunque nunca lo había vivido en carne propia, ya tengo dos amigas que han sufrido secuestro express. Aterrador.
  • Me espanta la violencia del gobierno.  No hace falta más que ver las retransmisiones de la Asamblea Nacional (el Congreso, para que nos entendamos) en la tele.  Por supuesto, casi todxs lxs miembros de la misma, son parte del gobierno y hay un pequeño grupúsculo de la oposición.  Os aseguro que les machacan con sus faltas de respeto y sus comentarios crueles.  ¿Dónde quedó la democracia?
  • Un país que vive permanentemente en la incertidumbre.  Y es que no se puede hacer planes de nada: ¿me quedo y abro un negocito o espero a que luego el gobierno decida quitarme el local? ¿me quedo y educo a mis hijxs como quiero o espero a que lxs adoctrinen con idiologías que no entiendo? o… ¿me piro, me convierto en inmigrante de segunda o tercera clase y vivo con más libertad?  Ya os digo:  toda persona que puede, se va.  Lo veo, me lo cuentan todos los días.  Mucha gente, con todo el dolor de su alma, se lleva un puñadito de tierra y no mira atrás.
  • Y si quiero viajar al extranjero por placer (a Colombia, por ejemplo, sin ir más lejos, que está al lado), algo que hacemos con frecuencia en Europa sin problemas ni restricciones, solo tengo 2500 dolares ¡al año! para hacerlo.  Ah..¿compras en internet?  Pues, bonos de 400 dolares al año.  Ya os imaginaréis el mercado negro de venta de divisas.  Grande, muy grande.
  • Falta de productos de primera necesidad.  Cosas como el azúcar, el café o la leche son difíciles de encontrar.  Impresionante la cara de la gente cuando ve alguno de estos productos en las estanterías del super.  Todxs corriendo a por ellos.  Muy triste.
  • ¿Y qué ha pasado con lo poco que se producía en el país?  Es cierto que viviendo del petróleo, lxs venezolanxs hemos descuidado otros segmentos de producción ¡pero al menos, los yogures que se compraban eran autóctonos!  Ahora, son… cubanos.
  • La sanidad, pésima. Ya la privada, que es un lujo que pocas personas pueden permitirse, está fatal. No se diga la pública.  Inexistente.  Tengo una muy buena amiga, ginecobstreta que trabaja en un hospital de uno de los barrios más paupérrimos de Caracas y me contaba la pena que le da ver esos pequeños centros populares creados por el gobierno totalmente abandonados.  Como siempre, pagan el pato lxs que menos tienen.
  • No hay nada como que te gobierne una persona egocéntrica.  Mis ojos no daban crédito a esos discursos diarios que encadenan porque sí, a todas los diales de radio y tv durante horas, ¡algunas veces hasta 9 horas!  Y sin descanso para ir al baño, comer o beber.  ¿Pero cuando trabaja de verdad este hombre?
  • Carteles, propaganda por todos lados con fotos de Chavez y mensajes paternalistas.  Aquí va uno que me indigno particularmente: “La Revolución lleva comida al pueblo” O sea, no se ocupa de abrir caminos al empleo y al autoempleo, a que la gente genere riqueza por sí misma, no, la cosa es quedarse quietx, agachar la cabeza, decir a todo que sí y que te den tu saquito de arroz.  Terrible.
  • Sentimiento de asfixia.  Hasta para comprar un libro te piden todos tus datos.  Y ya no os quiero contar la de militares que hay por la calle. Miedo.  Para ilustraros, os cuento: el día que nos veníamos a Madrid (con escala en Lisboa), antes de entrar al gusano que nos llevase al avión, nos separaron en dos filas, una de mujeres y otra de hombres.  Al otro lado, nos esperaban mujeres y hombres militares (no personal de aeropuerto) para hacernos tocamientos.  Yo había entrado y salido con mi pasaporte español, así que pocas preguntas me hicieron, pero a la chica delante de mí, que les enseñó pasaporte venezolano la frieron a preguntas: ¿Qué vas a hacer en Lisboa? ¿Por cuánto tiempo te vas? ¿Qué tipo de negocios tienes en Lisboa? Ah y ¿por qué tienes el pasaporte venezolano y no el de la República Bolivariana de Venezuela? (a lo que ella evidentemente contestó: porque aún tengo válido el otro y no tengo porque cambiarlo).  A mi me parecieron muchas preguntas y que todas ellas invadían su privacidad.  Total, que con ese ritmo y esa desfachatez, salimos una hora y media más tarde.

Así que por todo esto (¡y más, que me he quedado corta en datos!), he vuelto con el alma en los pies.  Me da pena que ese señor y su gobierno se haya cargado tantas esperanzas.  Que mucha gente que no vive todos los días lo que tiene que vivir la familia que aún tengo allí y lxs pocxs amigxs que no han tenido más remedio que quedarse, aún apoye aunque sea moralmente, las acciones sin sentido de Chavez.  Y no, antes que este gobierno, no se vivía mejor.  De ninguna manera pienso que lxs anteriores hayan sido mejores.

Siempre he pensado que Chavez es una consecuencia lógica de la historia que todxs los venezolanxs hemos creado, que tenemos el gobierno que nos merecemos.  Y si hay algo bueno de todo lo que estamos viviendo como pueblo, es el despertar de la indiferencia y movernos con más conciencia, de saber que nuestros actos sí tienen consecuencias.  Aunque la realidad es que las fuerzas se agotan, después de 10 años con lo mismo.  Que la gente se va, que se cansa de luchar y da la batalla por perdida.

No seré yo quien ponga el cuerpo para que reciba paliza. Yo que no tengo apego a ningún sitio, que carezco de raíces inmóviles.  Pero sí pienso en la gran cantidad que aún tiene esperanzas de encontrarse al día siguiente con un país menos oscuro, más vivible.  Y ¡ojo! hace 11 años, cuando decidí quedarme aquí, lo hice por amor.  Aunque, hoy en día, lo haría por escapar de Chavez.  Para que os voy a engañar.

2 Responses to “Made in Venezuela”

  1. Felipe Says:

    Genial Ney. Muy explícita y sincera. Parece escrito con las vísceras.

  2. Ana Says:

    Muy bueno. Desde Argentina bastantes coincidencias, sobre todo la pesadilla que te gobierne una ( o en nuestro caso dos) personas egocéntricas. El objetivo de estos gobiernos es, parece, manejar al rebaño y para poder conducirlo a su antojo apelar a cualquier extorsión.
    Cariños.

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