´Human Rights Watch´ en el banquillo venezolano
Desde que Hugo Chávez anuncio la expulsión del director y subdirector de la división de las Américas de Human Rights Watch el pasado 18 de septiembre, he estado pensando en escribir algo al respecto. No lo he hecho antes primero, por falta de tiempo y segundo, por tener algo más de perspectiva de lo que ha pasado.
Esto no es nada más que mis impresiones personales ante una dicisión que mi a juicio, es una muestra clara de autoritarismo, cosa a la que nos tiene acostumbradxs el mencionado presidente. Y sí, escribo subjetivamente, porque a pesar de que el próximo domingo cumplo mi décimo primer año de vida en España, nací, crecí y gran parte de mi familia vive en Venezuela. También he de decir, que a pesar de ello, no estoy empapada de la política de mi otra tierra, basicamente para no frustrarme demasiado y cuando hablo con mis abuelas que sí viven allá, lo hacemos sobre las cosas de las que hablan todas las abuelas con sus nietas: el novio, el trabajo, qué he comido hoy, si estamos cocinando mejor o cómo está mi salud. Y todo esto me recuerda a lo que me dijo una vez un chico mexicano que vino a la oficina de Amnistía a preguntar en qué podía colaborar y yo le ofrecí hacerlo en el equipo que lleva los casos de vulneración de DDHH en México: “El de México no, por favor, que prefiero no profundizar en los detalles de lo que pasa allá. Necesito preservar mi estabilidad mental” Vamos, que me sentí y me siento totalmente identificada.
Dicho esto y leyendo opiniones a favor y opiniones en contra de la decisión, me gustaría exponer la mía.
Creo que este tipo de elecciones son una expresión de falta de tolerancia y atentan claramente, contra la libertad de expresión. Y si es cierto que Human Rights Watch se financia de poderosos estamentos norteamericanos y que esto es un motivo justificable para que expulsen a sus directores del país, creo que por coherencia, entonces se debería actuar así con todo. Entonces es cuando me pregunto, ¿y por qué mis primxs pequeñxs, quienes viven en Venezuela, siguen pidiendo ir al MacDonalds y tomar Coca Cola, símbolos inéquivocos, para mí, de ese imperialismo que tanto se odia? Y ojo, yo no estoy de acuerdo para nada con las políticas exteriores del gobierno estadounidense (así como tampoco me gustan ciertas cosas del de Zapatero o Sarkozy y ¡la cordura me libre de estar de acuerdo con Berlusconi!) pero por ejemplo, una de mis minimanifestacionespersonales es haber vetado desde siempre al “preciado líquido negro” de mi dieta, por salud, por ideología y por respeto a otros pueblos. En mi micromundo, creo que es una forma clara y directa de no abrazar lo que no me gusta del Big Brother y desde luego, aunque no fuese mi amigx del alma, jamás expulsaría de mi barrio a quien tenga una opinión desfavorable de mí sea infundada o no. ¿Por qué? porque sencillamente, cada quien es libre de pensar lo que quiera, siempre que eso no vulnere los derechos fundamentales de lxs demás y no me refiero a los derechos de reinado perpetuo, sino a aquellos por los que ¡sí! es digna una lucha pacífica.
Así que no, no me gusta nada lo que ha hecho el gobierno de Chávez. No veo sano que el grupo de gente que manda se rodee solo de quienes les adulan y se quiten de encima las opiniones contrarias. La realidad no es una sola y quien piense lo contrario, respetada está su opción, pero yo digo alto y claro: no estoy de acuerdo.

