“Amnistía Internacional, buenas tardes…”
En estos días estuve echando una mano en la recepción de la oficina central de AI España, lo que se convirtió en una buena oportunidad para asomarme y ver la organización desde otro punto de vista.
Entre las innumerables cosas que se hacen, desde luego, la más llamativa para mí fue lo de coger el teléfono de la centralita. Y es que, no solo se reciben llamadas “convencionales” - de esas tipo: “hola, soy fulana, ¿puedes pasarme con sutana?”- sino también, llamadas de personas que tienen problemas y están buscando soluciones. Algunas veces los problemas son reales, otras, sirven como espacio en el que contar soledades y depresiones. Me decían las compis que en verano, el número de este último tipo de llamadas aumenta. Lo curioso es que no cuesta nada de tiempo aprender a distinguir una de otra, ni tampoco saber cuándo darla por terminada.
Mientras estuve en estos menesteres, llamó por ejemplo, una persona solicitando información para ayudar a su pareja ecutariana quien no tenía papeles legales y que vive en España, otra diciendo que sufrió maltrato por parte de la policía, otra más diciendo que su vida corría peligro y alguna hablando de su depresión por causa de la falta de trabajo o del fallecimiento de un ser querido. Para todos aquellos casos que desde la entidad no se atienden, tenemos teléfonos de otros organismos que sí lo hacen y así se les hace saber. Me dí cuenta, que la gente agradece muchísimo que al menos se les escuche y que se les de otros recursos.
No dejo de pensar en la soledad en la que vive mucha gente y en lo desesperada que tiene que estar como para contarle sus penas a una persona que no conoce por teléfono, y lo comparo con la cara de paz - e incluso de alegría de vivir - que tienen muchxs de lxs defensorxs de DDHH cuya vida corre peligro en sus países y que están ahora en España gracias al programa de acogida de Amnistía. Conozco alguna de las historias terribles que hay detrás de sus modos y siempre me pregunto cómo pueden sonreír, bailar, tener tanta paz y todo esto, pensando siempre en regresar y continuar con su lucha in situ.
Reflexiono acerca de eso de que es cierto que todxs tenemos problemas. Algunas veces son tan grandes para nuestro pequeño mundo, que se nos viene todo encima, todo se ve negro y no queremos más que apagar la luz y dejarlo a oscuras a ver si se arregla solo. Pero también es cierto, que muchas veces, nos quejamos de puritito vicio.

Mayo 18th, 2009 at 10:51 am
[…] Ya he contado en otras ocasiones, cómo me sorprende sus tranquilas semblanzas. Siempre pienso que llevan la cara de quienes juegan limpio y con razón. Si es que, no creo que exista labor más relacionada con el alma que la de poner voz a las injusticias que sufren otrxs y encima, aún a sabiendas de que arriesgan el pellejo con ello. […]