La cumbre de los alimentos de Roma cierra con un fracaso
“Deberán esperar 854 millones de personas hambrientas y otros 100 millones más en riesgo de serlo. La comunidad internacional y los organismos multilaterales dejaron ayer Roma divididos, incapaces de afrontar el escándalo del hambre.”
Leo este titular y párrafo y no dejo de pensar en una de las verdades que le escuché decir a Frei Betto, la semana pasada en Cádiz.
Comentaba que de las 4 causas de muerte temprana (la violencia, las enfermedades, los accidentes de tráfico y el hambre) es precisamente esta última, en la que se inivierten menos esfuerzos. ¿Por qué? La respuesta es tan patética como real: porque el hambre es la única causa que se manifiesta entre gente pobre y desprotegida y nosotrxs, lxs ricxs de este planeta, no la sufrimos, así que ¿para qué preocuparse por algo que no estamos padeciendo?
Lo que ha pasado en la cumbre, es más de lo mismo. Tanto dinero y tiempo invertido para que representantes de 183 países se reúnan para que - ¡por favor! - tomen medidas urgentes, que este mundo se está cayendo a cachos y lo único que hacen es proteger exclusivamente sus intereses, sin mirar más allá, ni a nadie más. Si es que, sinceramente, dan ganas de echarse a llorar
