Y hoy, 15 de mayo, hablemos sobre el cumpleaños de Israel

Ayer, 14 de mayo, se celebró (¿?) el 60 aniversario de la creación del estado de Israel. No conozco detalles de lo que ocurre en Oriente Medio, seguramente sepa lo que la gran mayoría de la gente sabe: que en aquellas tierras, personas como tú o como yo, viven en medio del miedo, la miseria y las violaciones de sus derechos más básicos.

Pensar que muchas familias y amigxs estén separadxs por un muro que no hace más que crecer, que un pueblo entero está enterrado cada día más en la pobreza, creo que no es motivo de fiesta y cotillón. Tampoco lo es pensar que a “la otra parte” le ataquen con bombas, de las humanas y de las que no lo son.

Leyendo uno de mis blogs favoritos, me encontré con un comunicado, que sin lugar a dudas, me hizo pensar sobre el significado de la justicia y del respeto por lxs demás. Apareció el último día de abril en The Guardian, y espero que tengas la paciencia suficiente para leerlo entero, porque vale mucho la pena:

“En mayo, organizaciones judías van a celebrar el 60 aniversario de la fundación del Estado de Israel. Esto es explicable en el contexto de siglos de persecución que culminaron en el Holocausto. Sin embargo, somos judíos que no vamos a celebrar.

Seguramente, este es el momento para reconocer la narrativa del otro, el precio que pagaron otras personas por el antisemitismo europeo y las políticas genocidas de Hitler. Como Edward Said enfatizaba, lo que el Holocausto es para los judíos, la Nakba es para los palestinos.

En abril de 1948, el mismo mes de la infame masacre de Deir Yassin y del ataque con morteros sobre civiles palestinos en el mercado de Haifa, el Plan Dalet se puso en marcha. Este autorizaba la destrucción de aldeas palestinas y la expulsión de la población indígena fuera de los bordes del Estado. No lo vamos a celebrar.

En julio de 1948, 70 mil palestinos fueron echados de sus casas en Lydda y Maleh en medio del calor del verano sin comida ni agua. Cientos murieron. Fue conocido como la Marcha de la Muerte. No lo vamos a celebrar.

En total, 750 mil palestinos se convirtieron en refugiados. Unas 400 aldeas fueron borradas del mapa. Pero ahí no terminó la limpieza étnica. Miles de palestinos (ciudadanos israelíes) fueron expulsados de Galilea en 1956.

Miles más cuando Israel ocupó Cisjordania y Gaza. Bajo la ley internacional y sancionada por la resolución 194 de la ONU, los refugiados de guerra tienen derecho a volver o a compensación. Israel nunca aceptó ese derecho. No lo vamos a celebrar.

No podemos celebrar el nacimiento de un Estado fundado en el terrorismo, en masacres, en el desahucio de otra gente de su tierra.

No podemos celebrar el cumpleaños de un Estado que más que nunca hoy se dedica a la limpieza étnica, que viola la ley internacional, que está realizando un monstruoso castigo colectivo a la población civil de Gaza y que continúa negando a los palestinos sus derechos humanos y sus aspiraciones nacionales.

Celebraremos cuando árabes y judíos vivan como iguales en un pacífico Oriente Próximo”.

Todavía siguen en mi memoria la frase más contudente que aparece junto a la foto de la defensora de DDHH israelí Ivonne Kleinfield, y que es parte de la exposición “Defensores: el testimonio obstinado”, al hablar de la situación en que viven ambos pueblos: “Nos avergüenza lo que ocurre. No queremos que se haga esto en nuestro nombre”.

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