¿Participeishon o no Participeishon? ¡That is the question!

Anoche estaba yo chateando con Bruno, uno de lxs creadorxs de Imagen en Acción. Él me comentaba su decepción al ver que muchas organizaciones que en un principio, vivían gracias al esfuerzo de personas voluntarias, perdían su nivel de participación en cuanto comenzaban a crecer y demandaban personas contratadas que se encargaran de su estructura y de como éstas empezaban a convertirse poco a poco en empresas y a olvidar el espíritu que una vez las vió nacer.

Hablando con él y dándole vueltas este finde, me gustaría reflexionar sobre este tema tan manido, pero que nunca deja de ser una preocupación para aquellxs que nos creemos esto del activismo.

Definitivamente la profesionalización de la solidaridad, tiene su precio y lo tiene cuando las organizaciones entran, bien sea por filosofía o por pura necesidad, a convertirse en un pez más dentro del mercado. En ese caso, se tienen que adaptar según las reglas del juego o morir ¿o no?

Un gran profe de la vida, llamado Fernando de la Riva, me dijo una vez que la forma y el nivel de participación de una organización es aquella que las personas que la dirigan quieran darle: así, por ejemplo, hay empresas más participativas que asociaciones. Decía, que la personalidad jurídica es una cosa y la forma de velar por una democracia interna es otra. Yo creo firmemente en esto, lo que me cuesta creer es en la libertad que los mandos quieran otorgar.

La experiencia me dice que cuando una organización se profesionaliza, cede ese alto margen de participación a quienes, de alguna manera, son el sustento de la misma. Así, en el caso de aquellas que viven gracias a las subveciones públicas (la gran mayoría) , por mucho que sus decisiones sean tomadas de forma asamblearia, al final, de alguna manera terminan adaptándose a esas temibles justificaciones que hacen que su vida tienda a la proyectitis eterna.

En cuanto a Amnistía Internacional y en este caso, a la sección española que es la que conozco, es así de curioso: a pesar de tener una estructura jerarquica claramente definida a la hora del día día, el poder de decisión recae exclusivamente en las socias y socios de manera asamblearia. Y es que además (que yo sepa) de Greenpeace, es la única organización de semejante envergadura que se mantiene exclusivamente por sus cuotas. Eso da independecia de todo: de gobiernos, de políticas cambiantes, de empresarixs caprichosxs y de participaciones reducidas a una pequeña cúpula de gestorxs.

Por supuesto que como todo no es perfecto, nuestras decisiones tardan más en tomarse, la maquinaria muchas veces va más lenta de lo que debería y siempre existe el peligro de que esto devenga en una engorrosa burocracia.

De todas formas, creo que es importante tener en mente tratar de mantener el equilibrio, independientemente de quien sea quien pague tu nómina a fin de mes. Deberíamos tener las cosas claras desde el principio, pensar hasta donde podemos llegar y con esos límites sobre papel, dar cancha abierta al resto de lxs miembrxs.

Lo que sí aprendí con Fernando y que me ha servido para saber bien en donde me meto, es eso de que una organización sin ánimo de lucro con fines sociales y/o ambientales no debería considerarse filosóficamente como tal, si el elemento de la participación brilla por su ausencia y sólo da pie a que una jerarquía vertical y rígida.

Así que ánimo Bruno. Lo mejor de todo es que os lo estáis pensando desde el principio y no después, que es más difícil. Dibujad como queréis que vuestro niñx vaya creciendo, cogédle de la mano y haced de guías siguiendo vuestras lucecitas. Seguro que contaréis con muchas manos amigas, como la mía :)

2 Responses to “¿Participeishon o no Participeishon? ¡That is the question!”

  1. Carlos Martinez Says:

    ¿Y mientras se discute si el gato es blanco o negro, o es gata, o negra o blanca, quien caza los ratones?
    Si para empezar algo se considera fundamental la pasta y el papeleo, mal vamos.
    O sea, como todo, de culo.
    Desde la gran época del paro en los comienzos del posfranquismo, cuando eran cientos de miles los parados y la situación muy jodida, se convocaban manifestaciones o formas de protesta. Y…..
    Nada.
    Ni Dios.
    Eso si, excusas e historias para justificar ausencias a millones. Todas.
    Ahora, si quieres marcha, vas a la Puerta del Sol y gritas BOTELLÓN, verás la que se monta; sin dinero, sin reunirse y sin discutir si botellón o botellona. Por supuesto sin inscribirse ni registrarse ni pedir permisos….

    http://mishuevos.blogia.com/

  2. Fernando de la Riva Says:

    Pues si, yo creo que lo de la participación en las organizaciones sociales no tiene que ver con su forma jurídica, ni si sus miembros son personas voluntarias o contratadas, ni si reciben o no subvenciones… sino con su ideología, o sea, con sus valores, con su manera de entender la realidad y, en particular, con su manera de entender el “poder” (algo que se acumula para uno/a o unos/as pocos/as, o algo que se comparte y se construye colectivamente).
    Hay asociaciones verticales y jerarquizadas (mogollón!) y fundaciones democráticas y participativas.
    Las personas voluntarias -incluidas los/as dirigentes- pueden ser autoritarias, de la misma forma que las activistas remuneradas pueden ser participativas e impulsoras de participación.
    Así que, no debemos quedarnos en las etiquetas, en los tópicos, en las declaraciones retóricas, sino que tenemos que mirar al interior de las organizaciones, a su práctica, a su forma real de entender y ejercer el poder.
    Claro que eso -la manera de entender el poder- también está directamente relacionado con lo que dices de adaptarse o asumir -sin más, sin cuestionarlas- las reglas del mercado.
    ¿No te parece?

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